ANA BINI SESÉ.- Los autores de novela negra se trasladan a la mente de un asesino para crear sus historias. Pero, ¿cómo lo hacen? Jerusalem Elizondo publicó el pasado tres de febrero su primera novela negra: Homicidium. En ella cuenta la historia de una joven investigadora, Clara Schäfer, que tendrá que hacer frente a una serie de crímenes cuyas víctimas tienen un nexo en común: su trabajo en la Universidad Pública de Navarra. Elizondo nos desvela cuáles son los pasos para crear un crimen:

Leer mucho

Para poder construir un crimen, «hay que leer mucho, es importante ser un buen lector de literatura antes y, por supuesto, del género que vas a trabajar», subraya Elizondo. Para la escritora navarra, Agatha Christie, Sir Arthur Conan Doyle y Raimond Chandler son los clásicos clave de este género que trata sobre el mundo profesional del crimen, pues así lo de definió Chandler en su ensayo El simple arte de matar.

Otra cuestión que obliga al autor a leer mucho es la documentación. La escritora navarra asegura que es uno de los aspectos más importantes, tanto para fabricar los lugares en los que se desarrolla la narración como para diseñar los propios personajes.

Conocer los lugares

Torre-trofeo romana de Urkulu. Foto cedida por Javier Marrodán.

«Es importantísimo haber visitado el lugar. En muchas ocasiones, la visita es previa a cualquier idea», insta la escritora navarra. En su novela, todos los crímenes suceden en excavaciones arqueológicas romanas de navarra. De hecho, el primer crimen de la historia acontece en las ruinas romanas de Santa Criz. Otros lugares que aparece en Homicidium son la Villa romana de Las Musas (Arellano), la torre-trofeo romana de Urkulu y el castro/poblado de Iturissa.

Lo primero, el crimen

Para Jerusalem Elizondo lo primero es imaginar el delito: «Llegas a un lugar, lo estudias, y ves que podría desarrollarse un crimen. Entonces empiezas a pensar en él, en qué tipo y en cómo encajaría mejor en ese escenario». La escritora navarra aclara que esto depende de lo que prefiera cada autor: «Yo voy al lugar e imagino los sucesos. Pero habrá quien tenga clarísimo su criminal y sus motivaciones antes de ponerlo en la escena del crimen. Es algo muy personal».

Después, el criminal

Para la autora de Homicidium, este es el momento más crítico del proceso de creación. Señala que es el criminal el que da sentido a toda la trama de la novela, y si la motivación del delincuente no está correctamente desarrollada —incluida el modus operandi—, algo falla. «Se trata de pensar quién cometería ese crimen, cuáles serían sus motivaciones, cómo juega con el resto de los personajes y su inteligencia», aclara Elizondo.

Para la escritora navarra, los autores suecos Maj Sjöwall y Per Wahlöö son ejemplos claros de historias «perfectamente hiladas» y de personajes «bien construidos».

La importancia tanto del perfil psicológico del asesino como del físico

La escritora navarra explica que para el perfil psicológico busca primero «las motivaciones del criminal» y, a partir de ahí, busca «sus traumas y sus problemas sin resolver, pues un delincuente tiene motivaciones complejas, que deben salir en un momento u otro».

La autora de la novela Homicidium se basa en experiencias vitales, propias o ajenas, y las lleva al extremo en el campo de la imaginación y de la creación literaria: «Busco situaciones complejas, que las personas equilibradas resolverán adecuadamente, para darles una salida violenta y peligrosa, que acabará siendo la motivación de una mente desequilibrada, la del criminal. Una persona no adaptada a la sociedad, en definitiva».

«El aspecto físico no es cuestión baladí», aclara Elizondo. La escritora subraya que el perfil físico de los criminales está intrínsecamente ligado a los delitos, porque determinados delincuentes no podrían cometer ciertos crímenes. Apunta también que la clave está en que el resto de los personajes y los lectores de la novela se crean que ese personaje es capaz de perpetrar ese delito.

La relevancia de los personajes que rodean al criminal 

Elizondo explica lo importante que es que los otros personajes estén bien construidos, porque son tan relevantes como el propio criminal y sin ellos, no hay novela. Esto ocurre en Homicidium con la protagonista, la inspectora Schäfer. Ella acaba de entrar en la Policía Foral y, a pesar de su juventud e inteligencia, se encuentra en un mundo muy distinto al de sus estudios: uno dominado por los hombres. «La denuncia social que se hace con el personaje de la inspectora y la motivación del criminal, que denuncia otra realidad, ayuda mucho para el cóctel ideal en la novela ya que ambas denuncias dan sentido al libro», subraya Elizondo.


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