ISABEL RODRÍGUEZ MAISTERRA.- Al entrar en el estrecho y laberíntico backstage del Teatro Nuevo Apolo, uno se da cuenta de que el vestuario es una grandísima apuesta de la producción de El Médico, el musical. Está por todas partes. No hay camerino, pasillo, pared que no tenga vestidos, caftanes, capas o complementos colgados por todas partes. Alrededor de 350 trajes trasladan al espectador al siglo XI, a un viaje de Londres a Persia que pasa por tres culturas: la cristiana, la musulmana y la judía.

«Los musicales que vienen de Broadway son franquicias, es un Starbucks»

El equipo, liderado por el compositor y director musical Iván Macías y el productor Pablo Martínez, ha conseguido dar una nueva vida al bestseller de Noah Gordon, El médico. Una producción completamente española a la altura de Broadway. La apasionante historia del joven Rob J. Cole, que viaja a Persia para estudiar medicina con el maestro Avicena, ha necesitado una importante apuesta de vestuario para poder llevarse a escena. Están nominados al Premio Max al Mejor Diseño de Vestuario.

Eduardo de la Fuente, jefe de sastrería y ayudante de Lorenzo Caprile, lo tiene claro: si no se invierte en un buen vestuario, cualquier producción es un fracaso absoluto. «Si un vestuario es de mentira, es un disfraz, eso no se lo cree nadie, ni el público, ni los actores. En dos meses te has quedado sin musical. La gente no es tonta». Lo dice desde la experiencia de quien lleva diecinueve años trabajando en sastrería de teatro y, sobre todo, de musicales.

«De los protagonistas dibujas todo y de los demás se hacen grupos». NACHO ARIAS

No tiene rutina. «Es un estrés. Cada día es una película nueva». Aunque Lorenzo Caprile es el figurinista y, por tanto, el responsable último del diseño de vestuario, De la Fuente es la persona que está ahí todos los días, función tras función, coordinando como jefe de sastrería, supervisor… «Sobre vestuario, mi trabajo aquí es todo».

Hoy, por ejemplo, tiene track, porque una chica está librando. Los track son los movimientos y cambios de vestuario rápidos que se hacen en escena, tras las cajas negras. «Hay cuarenta cambios a lo largo de la función que hay que cumplir. Yo hago cinco». Ayer se levantó a las ocho de la mañana para ir a buscar la ropa de los nuevos swings, la semana anterior estuvo en Cornejo, en los talleres, confeccionando vestuario.

«Si un vestuario es de mentira, en dos meses te has quedado sin musical. La gente no es tonta»

De la Fuente cuenta con un pequeño equipo que trabaja con él todos los días: una lavandera y cinco sastras. En el propio teatro hacen muchas de las reposiciones y arreglos, ya que siempre se rompe algo. «El vestuario tiene un maltrato real, sufre porque se lo quitan y se lo ponen cuarenta veces. En este musical y en todos». Por eso las telas son fuertes y resistentes. Algunos de los trajes pesan más de quince kilos.

Imprescindibles de Eduardo de la Fuente
  1. Musical: Follies
  2. Libro: El médico
  3. Película: Pulp Fiction
  4. ¿Con quién cenarías? Tom Wage
  5. ¿Quién debería ver este musical? Todo el mundo
  6. Escena favorita: La tormenta
  7. Canción preferida: La tormenta
  8. Una manía antes de la función: Ninguna
  9. Un referente: Mi hija
  10. Un plan de descanso: Dejar de trabajar ya y no volver a trabajar nunca

De la Fuente cuenta con un equipo de una lavandera y cinco sastras. JULEN SOBEJANO

Proceso de creación

«Por supuesto, en el momento que te encargan algo así, te lees el libro». Al figurinista, en este caso Caprile, y a su ayudante, De la Fuente, también se les da el libreto para leerlo y subrayarlo. Después, tiene lugar una reunión con dirección y los productores. Aquí se decide la ambientación y se dan las pautas y bases para el vestuario. Aunque se podría haber ambientado en otro tiempo y lugar, se hace como en el libro: Londres y Persia en el siglo XI.

La documentación fue un reto, sobre todo en el caso de Persia. Sobre la Inglaterra medieval, «todos hemos visto Juego de Tronos, sabemos de qué va, pero ¿qué sabemos de Persia del siglo XI? Nada, no sabemos nada». Así que se buscan referencias a través de cuadros, el Museo del Traje, libros, Internet… Es un proceso largo.

Hay trajes que pesan más de 15 kilos . NACHO ARIAS

A continuación, se empieza el dibujo de los diseños, los figurines de los personajes. No se diseñan los 350 trajes: «De los protagonistas dibujas todo y de los demás se hacen grupos». Por ejemplo, de los coristas de una determinada escena se replican las prendas para cada actor. Estos figurines se presentan al director y a los actores, para que sepan lo que se van a poner. Esos dibujos van a taller y se sacan los patrones. El figurinista y su ayudante hacen el seguimiento y buscan los tejidos y adornos con los que confeccionar las piezas.

Una vez está todo listo, se realiza una prueba de vestuario. Hay que comprobar que los actores están cómodos y «se modifica todo lo que les impida bailar o su acting». Es importante que los trajes sean pesados y tengan consistencia para que el actor se lo crea y se meta en el papel. Por último, se ambientan las prendas. Se trata de oxidar, destrozar, rajar, pintar sobre el tejido, pegar adornos, coser brillos…

La sastrería en el backstage, donde se retocan los últimos detalles antes de cada función. JULEN SOBEJANO

Figurines, telas, colores y luces

«Un figurín no es como un diseño de moda: dos trazos, acuarelas y ya es un vestido de seda maravilloso; no». Los figurines que De la Fuente dibuja y pinta con lápices de color, acuarelas o tinta china, detallan al máximo la información sobre los trajes. Se aprecia dónde va cada costura, con las pinturas se da el efecto del tipo de tejido y calidad de la tela y se indican cosas mediante anotaciones. Con todo eso, se puede sacar el patrón.  

«El vestuario tiene un maltrato real, sufre porque se lo quitan y se lo ponen cuarenta veces»

La elección de las telas es determinante para la calidad del vestuario. «Tienen que ser tejidos de verdad, con textura, realce, una trama bonita…» Aunque todo esto se pierde con la distancia, la caída y el empaque de la prenda dan el efecto final deseado. El precio de las telas de calidad es caro: “Una buena seda, estamos hablando de 300€ el metro”.

Muchas veces, los colores definen a un personaje sobre el escenario. Aunque De la Fuente no era muy partidario de esto, Caprile decidió que el protagonista, Rob, iría de rojo, y la protagonista, Mary, de verde; combinando colores distintos dentro de la gama. «Ha funcionado muy bien, esto es una cosa que he aprendido de Lorenzo».

Hay una escena en la que el color tiene especial protagonismo, es en el mercado de Ispahán, ya en Persia. «Queríamos que fuera un número con mucho color después de la tristeza de Londres». En este caso, incluso el grupo de coristas, que normalmente en los musicales van iguales, visten con tonos distintos.

«Queríamos que fuera un número con mucho color después de la tristeza de Londres». NACHO ARIAS

Para que el color del vestuario luzca y armonice con cada momento de la trama, es imprescindible la coordinación con el creativo de luces, en este caso Luis Perdiguero. Metiendo luz blanca y determinados filtros, los tonos suben bastante. Además de al equipo de luces, el diseñador da la pauta a los creadores de peluquería y maquillaje.

Un musical único

De la Fuente sigue trabajando en el vestuario. «Este musical es especial, está vivo, cada día se va transformando y mejorando». Los musicales que vienen de Broadway traen el vestuario ya hecho y «lo que se estrena no se toca. Son franquicias, es un Starbucks». La diferencia entre esas superproducciones y esta creación cien por cien española es que «los creadores están cada día aquí. Es la vida de estos dos chicos».

Empezó a trabajar más de cinco meses antes del estreno y, después, todos los días como responsable de vestuario. Aunque Caprile es el diseñador y ha estado coordinando, De la Fuente ha ejercido bastante poder de decisión. «He trabajado mucho y puesto mucho de mí en este musical, muchísimo». El día de la previa principal vio su todo su trabajo hecho, finalizado. «Es increíble. Mágico. Todo es una maravilla. El Premio Max se lo va a llevar Lorenzo, seguro».

Dos sastras en el foso de los músicos

Hay algo muy especial y familiar que se palpa desde que entras en el Teatro Nuevo Apolo. Si tuviera que quedarse con algo del musical, De la Fuente no elige una escena o una canción, sino un rincón del backstage. «Es un pasillo chiquitísimo con ropa aquí, el músico, el actor cambiándose, dos sastras en el foso, la una pisando al otro, el otro que viene… Es divertidísimo».

El lugar es tal cual lo describe, con las paredes forradas de vestuario, los músicos desenfundando sus instrumentos mientras las sastras trajinan, un actor en calzoncillos cambiándose en una esquina… Todo el mundo está de buen humor y saludan con una amplia sonrisa. «La gente se está dedicando a lo que le gusta, y son artistas».

«La manga de Fritta es de Conan El Bárbaro, de Schwarzenegger». NACHO ARIAS

RESCATAR VESTUARIO DEL CINE. Caprile y De la Fuente lo han tenido difícil para encontrar obras de referencia en las que inspirarse: «En teatro es una época poco tratada, pero en cine se ha hecho muchísimo». Para el vestuario hay cosas que se han rescatado de la gran pantalla. Por ejemplo, una manga de cuero y anillas que lleva Fritta es de Conan el Bárbaro, la película que protagoniza Arnold Schwarzenegger. También hay alguna prenda del film de fantasía Willow.

Todo esto se encuentra en unos stocks muy grandes de vestuario de cine y teatro. «Cómo decirte, un Corte Inglés; son naves kilométricas llenas de estanterías con vestuario, cascos, armaduras… Es increíble. Tienen de todo: Juego de Tronos, Exodus, Agora, Piratas del Caribe…» Para este musical rescataron algún pantalón bombacho, algún turbante de la película de El Médico y de Príncipe de Persia.

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