JULEN SOBEJANO ETAYO.- Martes, 18:00 de la tarde. Gran Vía, Teatro Coliseum. Ya hay personas comprando pases para el musical Anastasia. «Ya no quedan entradas de 25 euros», dice la cajera a una pareja. El tráfico de Madrid deja un ruido molesto de fondo, y de repente un chico de 27 años se acerca. «Hola soy Iñigo, encantado», dice. Es Iñigo Etayo Ochoa-Lacar (Pamplona, 1991), quién interpreta a Dimitri en la obra.

Sorprende que el protagonista de un musical tan taquillero esté a unos metros del punto de venta y nadie le conozca. Ha venido por la Gran Vía, sin tener que disimular ante nadie. «Entramos por la puerta de atrás, ¿te parece?».

Una vez dentro, el movimiento que desde afuera se observa se multiplica por diez. «No sé cuántas personas trabajamos aquí, pero muchas», dice Iñigo. Este navarro empezó con 8-9 años a saber qué quería ser, y en tan solo veinte ha conseguido convertirse en uno de los mejores. Nadie se lo ha regalado. Clases de música, coro, canto, interpretación… son muchos los cursos que ha hecho, también en la universidad. No siempre le ha sido fácil compaginar sus estudios en Comunicación Audiovisual con esta pasión, aunque él siempre lo ha llevado con filosofía: «Estaba haciendo la carrera en la Universidad de Navarra y tenía un pie en Madrid, siempre estaba viajando en autobús yendo y viniendo».

SU DIRECTOR NOS CUENTA CÓMO ES IÑIGO

Alex de los Santos define a Iñigo como un chico con una «cabezonería sana». Lo conoció en un curso de teatro musical, y desde entonces asegura que «Iñigo apuntaba». Como todo actor, matiza, necesitaba formación y constancia, cualidades que tiene: «Se ha esforzado mucho, y poco ha poco a ido a más». Durante la carrera nunca daba la sensación de que Iñigo estuviera agobiado, él dejaba sus quejas de lado para adentrarse en este mundo. Asegura que el futuro en esta industria es complicado, pero el navarro «va por muy buen camino», porque es responsable, hace caso (aunque le cueste), es inteligente y siempre da lo mejor de sí mismo.

Reconoce haber vivido mucho la etapa universitaria, aunque haya tenido que renunciar a muchas cosas. «Algunas veces era muy cansado, porque iba y volvía el mismo día para no perder clase. El que es ahora mi director residente, Alex de los Santos, después de clase le preguntaba: ‘Alex, ¿cuándo nos vemos el mes que viene?’. Yo me organizaba todo para cogerme un PLM, venir a las 6 de la mañana, llegar, dar clase de una hora e ir a clase de tres. Cuando llegaba, no sabía qué estaba escuchando, pero la vida es así. Te pasaban apuntes y ya».

Sigue acordándose de esa etapa. «Cuando estoy cansado, me pregunto: ‘Cómo vas a estar cansado. Acuérdate de marzo del 2011, todas las cosas que hacías y podías estar’», dice con añoranza. «Es la mejor etapa de mi vida», añade.

Pero la vida le hizo elegir. En tercero de carrera, admite, es cuando empezó a gustarle mucho lo que estudiaba. Pese a apostar por el teatro, su primer curso profesional lo encontró buscando prácticas formativas de verano.

Ese curso, dice, le dio dos regalos que no se merecía: Blancanieves Boulevard, un musical en plena Gran Vía de Madrid, y la película Un Dios prohibido. En ellas trabajó y aprendió mucho, y consiguió que le fueran conociendo poco a poco.

Uno de los videoclips de Iñigo fue nominado al mejor videoclip por la canción ‘Alejandra’. IÑIGO ETAYO.

Sarna con gusto no pica

El navarro asegura que «Sarna con gusta no pica» es el mejor refrán que le define. Cuando salió de la universidad al mercado laboral era muy mala época, ya que el país estaba en plena crisis. El teatro musical también corría horas bajas. «Esta empresa [Stage Entertainment] hacía un musical al año. Hacías el casting y si te cogían, genial, y si no, tenías que esperar un año. No es como ahora que hay tantos». Iñigo ha tenido que esperar siete para poder dar el paso y tener un papel protagonista en un musical de primera. «Hasta entonces muchos infantiles, micro teatro, seguir formándome… estuve a punto de tirar la toalla, porque llevaba muchos años tirando de cosas que yo no quería», admite.


Iñigo Etayo nos cuenta desde los interiores del Teatro Coliseum cuál es el proceso desde que él llega a las 19.00 de la tarde a trabajar (16.30 los fines de semanas) hasta que empieza la función.

Ahora está feliz de lo que hace, aunque su experiencia le hace no acostumbrarse: «Yo he actuado delante de una persona que estaba mirando el móvil. Pasar de eso a esto es un cambio tan radical, que yo desde luego no me acostumbro, y no sé si lo asumo, pero intento disfrutar al máximo».

En su etapa universitaria este esfuerzo le costaba mucho más porque tenía que comer en la cafetería un bocadillo, para ir a ensayar y poder hacer como mucho un musical amateur. «Era lo único que podía hacer, pero si te gusta, lo haces encantado».

Su día a día ahora es sacrificado, aunque él dice que es «como estar dentro de una película de Disney Channel». Se levanta a las 10, desayuna, va al gimnasio, come y a las siete tiene que estar en el teatro. Si es fin de semana, al ser doblete; va a las cuatro y media; y no sale hasta la una. «Toda tu vida gira entorno al teatro», admite. Lo que ocurre en el mundo real, sin embargo, no te lo cuentan en las escuelas: «Nadie te dice que tu día libre es un lunes, que tienes que levantarte tarde porque sino no puedes hacer la función… hay cosas que no te cuentan y que tienes que aprender con la experiencia, o yo al menos las he tenido que aprender».

Una de las escenas del musical La familia Addams. A la derecha, bajo un foco, se puede ver a Iñigo, interpretando a Lucas Beineke.  IÑIGO ETAYO

No en vano, él intenta dejar de quejarse y desahogarse con Jana Gómez, que interpreta a Anastasia en la obra.  Su protagonismo, en cierta manera, ha hecho que se conviertan en personas en las que apoyarse: «Muchas veces nos decimos… ‘¿cómo estás?’. Hablar y desahogarnos entre nosotros es bueno porque es algo que solo entendemos nosotros».

Un espectáculo diferente

La película y el musical no son del todo iguales. «La relación de Dimitri y Anastasia en la película no es buena hasta París, tampoco Rasputín es igual que en la película. Esto te hace cambiar el chip», admite.

Aun así, las principales cabeceras definen como «impecable» (Shangay) o «majestuoso» (El teatrero) el espectáculo. Algunos van un poco más allá y afirman que «Broadway está en la Gran Vía» (ABC) o que la obra «roza la perfección» (La Guía del ocio). Es algo que notan desde el escenario los actores. «Es un musical que gusta mucho al público», dice Iñigo.

«Actuar es el arte de repetir lo mismo miles de veces y parecer que es la primera»

Para ello, buscan «darle» algo nuevo, algo que lo haga diferente. Iñigo cuenta que su director dice que «actuar es el arte de repetir lo mismo miles de veces y parecer que es la primera».

Iñigo Etayo en el estreno de Anastasia en octubre de 2018. IÑIGO ETAYO

Con ello, consiguen que el público disfrute del espectáculo y que ellos se puedan reír. El navarro comparte muchas escenas con Jana Gómez y con Javier Navarés, que interpreta a Vlad. «Javi es experto en esto, en que cada día sea diferente. Estar con él en el escenario es pasártelo bien diariamente, porque cada día te hace una cosa diferente, te vacila en el escenario. Sino tu como actor te mueres, y la obra se va contigo».

Etayo admite que fue un poco hándicap ser Dimitri en esta obra. Primero porque la relación con Anastasia no es igual que en la película, y pese a ser tonterías, son cosas que «un actor nota». Pero, principalmente, para él suponía un reto ser el segundo Dimitri de carne y hueso, e interpretar una obra que venía directamente desde Broadway. «Es la primera vez que en la historia de España pasa esto, y eso pasa ahora por un contexto concreto, que antes no podía darse».

Admite que él todavía sigue siendo un poco desconocido. «En La Familia Addams la gente me preguntaba haber quién era, si era nuevo o si era mi primer musical». Él nunca se habría imaginado que interpretaría a Dimitri. «Es muy surrealista estar toda tu vida con un objetivo en mente y llegar. Me costó mucho asimilarlo. Es un miedo guay». A las puertas de la función 200, todavía admite que le da miedo no hacer bien su papel, o no llegar a canciones como ‘My Petersburg’, una de las más difíciles del espectáculo. «Hay que llevarlo con filosofía y responsabilidad e intentar no obsesionarte».

En un mes, él y todo el equipo tuvieron que montar el espectáculo tal y como estaba en Broadway, con la ayuda del equipo creativo original. «Intentan que seas la otra persona, y no lo eres. Al principio Jana y yo vimos mucho a los originales, más que nada porque nos estaban dirigiendo así, y queríamos ver qué querían para hacerlo más ágil. Una vez lo tuvimos, yo al menos, me intento desmarcar. Tienes que evadirte y hacer tu propuesta. La gente debe entender que es un musical, no una película de dibujos».

Un futuro marcado por lo audiovisual

«Cuando vino la letrista y nos vio, vino llorando. Dijo que habíamos dado al espectáculo otro nivel, y que normalmente se habla de nivel Broadway pero que ella iba a hablar del nivel Madrid. Lo que tiene Broadway es la cultura y la industria, nada más», comenta.

Imprescindibles de Iñigo Etayo
  1. Musical: Miserables.
  2. Libro: Harry Potter.
  3. Película: Demolition.
  4. Escena preferida: Todo por ganar. Es el momento en el que Dimitri se da cuenta todo lo que tiene que hacer.
  5. Canción: ‘My Petersburg’.
  6. Cena: Nicole Kidman o Jake Hidelgan.
  7. Plan de descanso: Ibiza.
  8. Referente: Derek Klena.

« Dijo que habíamos dado al espectáculo otro nivel, y que normalmente se habla de nivel Broadway pero que ella iba a hablar del nivel Madrid»

Iñigo alega a la tradición histórica de España como punto fuerte. Una cultural teatral que Estados Unidos no tiene, y que ahora Madrid cuenta con una cartelera con mucho nivel, a la par de Broadway.

Iñigo se ve reflejado en Dimitri en muchos aspectos. Esta es una cuestión muy importante para él. IÑIGO ETAYO

Su futuro personal no lo tiene claro, pero admite que es una persona ambiciosa, y que por ello no hay reto al que diga que no. Es una característica que comparte con Dimitri. «Los dos hemos sido personas con objetivos muy claros, y sin ningún tipo de ayuda hemos llegado hasta donde hemos querido. Nos las hemos tenido que ingeniar».

Además de actor, también es músico. Ha trabajado con personas que siempre ha admirado, como Lydia Fairen, Julia Muler o Javier Navarés. «He tenido mucha suerte, no me puedo quejar, pero también soy actor y no me cierro a hacer cine, texto… Yo quiero actuar todo lo posible».

Anastasia es lo que mejor le ha pasado ahora, pero como él describe, es una de las paradas del crucero. Un viaje largo que espera tener muchas paradas.

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