MARIONA JUÁREZ / VALENTINE HILAIRE.- 3,2,1, comienza una competición de CrossFit en Barcelona y, para aprovechar que la playa está cerca, ¿por qué no agregar una fase en el agua? Suena bien, pero fue la peor experiencia para Iñigo Oroz dentro de todas las pruebas que ha hecho en sus años practicando el deporte. «Yo era uno de los más flaquitos y pequeños entre los competidores. Imagínate a unos tipos que parecen armarios empotrados corriendo conmigo hacia la playa. Apenas nadé un poco comencé a recibir leches por todos lados. Empecé a tragar agua. No lo podía creer. Solo pensaba: «aquí me quedo». A pesar de que salió del agua mareado y vomitando, el crossfighter de 22 años se forzó a terminar lo que empezó y culminó la prueba. Eso sí, «gracias a Dios que estas competiciones son solo cada dos o tres veces al año y lo de las pruebas en el agua es algo poco usual».

Iñigo Oroz realizando un WOD en Queiron CrossFit / Mariona Juárez

Íñigo es un exfutbolero que dejó a su equipo para competir en el CrossFit, una disciplina pensada como un complemento para la vida. Nació como una ayuda para profesiones involucrados en situaciones de riesgo como bomberos, policías y militares en el 2000; y después se generalizo entre la población. El hecho de que en el 2005 no habían más de 20 centros dedicados exclusivamente a esto y que en el 2017 se hayan contabilizado más de 13,000 demuestra que es un deporte cuya popularidad va en ascenso.

El atleta se adentró al mundo del CrossFit «sin tener ni idea» . De hecho, no había realizado una dominada en su vida. Acabó la primera clase en Queiron CrossFit destruido, pero le encantó . «Te enganchas y emocionas porque al principio ves que mejoras muy rápido porque pasas de cero a algo». A partir de aquí su rutina cambió totalmente. Todas las semanas pasa entre 20 y 25 horas en su box cuando antes solo entrenaba cinco horas a la semana para jugar en su equipo.

Aunque él lleva más de dos años entrenando para estar al nivel de los profesionales, «desde el inicio me centré en competir porque quería mejorar ». Son muchas horas las que pasa en su box, por lo que «ya me lo tomo como parte de mi estilo de vida. Obviamente es un hobby porque no gano casi nada con esto, pero es como si fuera mi trabajo y a veces le doy clases a otros». Para él la pasión es fundamental para mantener la constancia en el día a día e ir a más: «definitivamente te tiene que gustar».

El ejemplo es importante para cualquier entrenador. No basta con aprender un par de técnicas: «tengo que ser capaz de enseñarle a mis alumnos lo que yo hago. Imagínate que vienes a probar un día y el entrenador es un señor gordo que no sabe ni hacer una sentadilla. Pues coges la puerta y te vas. Dices este tío qué me va a enseñar a mí. Eres tu propio producto.  La gente tiene que verte capaz de hacer cosas».

Íñigo Oroz después de su prueba semanal para los Crossfit Games. MARIONA JUÁREZ

Además, los ejercicios no son fáciles, y ni el más fuerte el que tiene el triunfo asegurado. Hay un componente psíquico que puede ser muy definitorio a la hora de practicar la disciplina. Íñigo suele entrenar la mente antes de cada prueba. «Yo me mentalizo antes de hacerla y me digo vale, tengo que apretar en este momento o ir más lento aquí, o coger más aire, aunque luego llegue un momento en que el cerebro me diga por favor ya. Ahí tienes que pelear un poco con él y empujarte e terminar porque claro que se puede».

En febrero y marzo de este año participará en un campeonato mundial que se divide en tres fases. La primera se da a nivel global. Todo el mundo puede participar, aunque no sea un profesional del deporte, pero las pruebas tienen que ser validadas por un juez. En la segunda fase, que es regional, incrementa el nivel de la competencia y los vencedores se convierten en parte de los 40 seleccionados para participar de los CrossFit Games en Estados Unidos. Es cierto que a nivel local hay más competencias, como la que recuerda Iñigo en Barcelona, y muchos boxes organizan actividades entre ellos sin la oficialidad de la organización para practicar.

Para un joven tiene que ser complicado mantenerse enfocado y cumplir con todos los entrenamientos y requisitos para practicar el deporte porque lo que se hace fuera del box también influye en su rendimiento. En su vida social sí ha notado cambios porque «me muevo en círculos de gente que no hace mucho deporte y hay peronas que no entienden que hagas esto, pero mientras lo respeten no hay ningún problema». A él le gustaría llegar a los 60 años y seguir practicando CrossFit, por supuesto, a otro nivel.

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