MARIONA JUÁREZ / VALENTINE HILAIRE.- Bañada en bronceadaor, montada en unos tacones de aguja, con un bikini y mucho «brilli brilli» Baby Beast se subió al podio para recibir la medalla del primer lugar en el concurso de Fitness que la tenía haciendo ejericico diario y comparándose con otras. Cuando le dieron el anhelado premio «se sintió más vacía que nunca». En ese momento se dio cuenta de que su estilo de vida no la hacía feliz y la relación amorosa que lo motivaba tampoco. Algo tenía que cambiar.

Por esto, la pamplonica de 26 años que ha revolucionado el término influencer entre las mujeres deportistas comenzó a practicar CrossFit. Lo que comenzó como un hobby se convirtió en una profesión que la ayudó a conocer a su media naranja, ser más saludable, superarse a diario a través de cada rutina e influenciar a mujeres de forma positiva.  ¿Quién lo diría?, «ahora soy novena mejor crossfighter de España».

Al terminar con el Fitness y su relación se convirtió, para todos sus seguidores y la comunidad CrossFit, en «Baby Beast». Con cada foto de su cuenta de Instagram anima a las personas a conseguir sus metas. Comparte recetas de comida saludable, rutinas y parte de su vida privada. Poco a poco sus seguidores comenzaron a pedirle que subiera más contenido y el interés por su transformación y camino la convirtieron en la influencer que es hoy. En ciudadaes como Barcelona el fenómeno ya estaba bastante extendido, pero en Pamplona los crossfighters utilizaban muy poco esta plataforma para mercadearse.

Para ella es un arma de doble filo porque te ayuda a llegar a las personas, pero te crea ciertas responsabilidades. Cuando estaba en el mundo del Fitness solo tenía que asegurarse de sonreirle a los jueces y velar por mantener una figura de «muñequita»; pero, con el CrossFit y las exigencias de sus nuevos seguidores todo es más objetivo. Si hace menos repeticiones que el de al lado o se demora más en hacer el WOD pierde. «No es un concurso de simpatía». Su nueva pareja, Dani, la ha ayudado a mejorar en el deporte y a crear su marca personal.

Lo de estar con el móvil todo el día era muy difícil para la deportista cuando debutaba en Instagram, pero su gusto por la escritura, contar historias y ayudar a otros a no caer en relaciones o situaciones tóxicas la motivó a sacar su perfil adelante y disfrutar. «Caigo bien. A la gente le gusta lo que subo». De hecho, tiene más seguidoras mujeres que hombres, y se siente orgullosa de esto. Es más, por lo profesional que es en su perfil nunca ha tenido una mala experiencia con un chico. «No quieren ligar. Les gusta la deportista que soy».

Bea en el box Crossfit Torredembarra.

Le encantan las camisetas de unicornio. Una vez le enviaron un par y no dudó ni un segundo en compartilas con sus seguidores. Es fiel a estos y solo comparte los regalos de las marcas que le gustan. «Me acaban de llegar unos cascos que no me gustaron nada. No los compartí, y cuando se lo dije a los de la marca me preguntaron por qué no los sorteaba pero, si a mi no me gusta, por qué se los daría a mis seguidores? Es hipócrita. No pudiera dormir de noche». Marcas de renombre como Fitbia – de té- han querido que Bea promocione sus líneas pero como ella no toma té, dijo que no, por más buenos que sean estos.

Por más que Instagram le ha abierto muchas puertas, no va a vivir de su red social. «Un día me levanté y tenía 700 seguidores menos por un error de la plataforma. No es el fin del mundo». Ella tiene un sueldo como entrenadora y esa es su pasión. Solo usa Instagram porque le gusta interactuar con las personas, pero el día que le deje de gustar lo dejará.

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