JULEN SOBEJANO ETAYO.- Hace 178 años Pamplona abrió las puertas a su teatro más viejo. Durante unos años tuvo el nombre de Teatro Principal, hasta que en 1903 se lo cambiaron por Teatro Gayarre, en honor al tenor roncalés Julián Gayarre.

Cuando nace este anfiteatro, durante el siglo XIX fue cuando se empezó a desarrollar el tiempo de ocio. Ya no se limitaba al uso exclusivo de la aristocracia y la burguesía; las clases más bajas también empezaban a acudir. Todo gracias a la limitación de horas de trabajo diario y diferentes mejoras en los sueldos.

Durante el primer tercio del siglo XIX, además, se impulsó su creación dramática. El teatro era concebido como un medio para dirigir la opinión pública. Se empezó por apostar por la traducción o adaptación de obras extranjeras, del estilo Bruto Primo de Alfieri, que fue representada en Cádiz en 1812 bajo el nombre Roma Libre.

La actual fachada del Teatro Gayarre es la misma que antiguamente estaba en La Plaza del Castillo. CEDIDA.

Sin embargo, años después, la guerra provocó que la concepción del teatro cambiara completamente, pasando a ser un medio de información más. Una vez acabada la guerra, se hicieron obras de exaltación de la monarquía. Sin embargo,entre 1814 y 1820, no hubo verdadero teatro político, por falta de libertad e independencia.

A lo largo de estos años, el entonces Teatro Principal recibió la visita de Víctor Hugo. Él calificó el edificio de trazas neoclacistas como «horroroso» y recomendó a quién atacara la ciudad, que empezara por destruir el teatro. Los deseos del dramaturgo no se cumplieron, o no del todo, ya que la apertura del Nuevo Ensanche fue lo que provocó el cambio.

Con el Nuevo Ensanche de la ciudad, obra de Serapio Esparza, el teatro pasó a estar en lo que hoy conocemos como Avenida Carlos III. Aunque la fachada se ha mantenido prácticamente igual, el interior es lo que principalmente ha sufrido más cambios.

A vísperas de su inauguración ‘La Voz de Navarra’ mostró su satisfacción con los cambios. «Se han aprovechado todos los elementos arquitectónicos del antiguo teatro, habiéndose hecho reposición con gran fortuna y justeza. El antiguo coliseo de Pamplona no se siente desairado en su nuevo emplazamiento» , comentó.

¿Y qué se representaba?

Después de la guerra, la demanda de espectáculos aumentó por parte del público. También se diversificó. Por ello, más allá del teatro, tuvo éxito un experimento innovador, una ópera genuinamente española: la Zarzuela. Este nuevo género mezclaba partes cantadas con partes declamadas. Las principales urbes de la geografía nacional tenían un teatro principal cuya función primordial era la socialización.

El Teatro Gayarre está divido en cuatro plantas. En total tienen 462 butacas. JULEN SOBEJANO ETAYO.

La Zarzuela, al igual que la ópera, han sido dos géneros clásicos que han ido desarrollando el teatro hasta nuestros días. El teatro musical encuentra aquí, en gran medida, su base histórica.

Mientras tanto, el interior del teatro pamplonés se transformó por primera vez a mediados del siglo XX. Bajo el mandato del alcalde Javier Pueyo Bonet, y bajo el nombre Teatro Gayarre, la nueva sala no gustó a los cronistas de la época, que afirmaban que el anfiteatro “no tenía el más mínimo tono de elegancia que diese distinción y señorío a un salón que se creó para ser el centro de los acontecimientos artísticos y culturales de la ciudad”.

«Si se quema este teatro, se tiene que quemar Pamplona entera»

El primer piso del anfiteatro se guarda para las autoridades municipales. JULEN SOBEJANO ETAYO.

No duró muchos años este nuevo salón. El 20 de noviembre de 1968, tras la zarzuela de Luisa Fernanda por la compañía lírica del maestro Torroba, se produjo un incendio que destruyó por completo la caja escénica. El arquitecto Miguel Gortari Beiner fue el encargado de reconducir de nuevo el aspecto del teatro, teniéndolo listo para los Sanfermines de un año más tarde. Para que no sucediera lo mismo, el material que empleó Gortari ya era incombustible: «Si se quema este teatro, se tiene que quemar Pamplona entera» , llegó a afirmar.

Todas las telas del anfiteatro son ignífugas. JULEN SOBEJANO ETAYO.

La obra, sin embargo, tuvo sus consecuencias. La nueva caja escénica no tenía nada que ver con la anterior, y muchas compañías se quejaban de que era preciso gritar para que pudieran escucharle los espectadores de la tercera planta.

Desde entonces, las obras se han hecho a cuentagotas. Las más importantes tuvieron lugar a finales del siglo XX, cuando se realizaron trabajos de pintura en el porche y en el vestíbulo de la entrada, entre otros.

En la actualidad, las mejoras que se pueden hacer son para adaptarse a las nuevas ordenanzas de seguridad existentes, puesto que la ubicación del teatro hace imposible poder ampliar o hacer grandes reformas. 

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